Aunque el cambio climático suele asociarse principalmente a sequías, olas de calor e incendios forestales, también tiene efectos muy negativos sobre la agricultura relacionados con la alteración de los ciclos naturales de desarrollo de las especies vegetales. El aumento de las temperaturas invernales favorece una floración más temprana, lo que incrementa la vulnerabilidad de los cultivos frente a las heladas primaverales.
En el caso del castaño, el riesgo de heladas primaverales se extiende desde principios de marzo hasta mediados de mayo. Durante este periodo, los estadios fenológicos más sensibles al frío corresponden a las fases B (BBCH 07), C (BBCH 09) y D (BBCH 11), con umbrales de sensibilidad de −8 °C, −3 °C y −2 °C, respectivamente. Las heladas pueden provocar daños en las yemas apicales y en las yemas fructíferas, con pérdidas potenciales muy elevadas.
Este riesgo se ve acentuado por el adelanto de las principales fases de desarrollo del castaño en el contexto del cambio climático, especialmente en parcelas bien expuestas y orientadas al suroeste, donde la brotación, floración y maduración se han adelantado varios días, e incluso semanas, en los últimos años.
Medir la influencia de la humedad del suelo y del manejo del cubierto vegetal sobre la intensidad de las heladas primaverales en un vergel de castaños, evaluando cómo estos factores condicionan el comportamiento térmico del sistema cultivo–suelo–atmósfera.
El ensayo se desarrolla en una parcela experimental gestionada por Invenio, situada en Douville (Dordoña, Francia). La parcela, plantada en 2014, tiene una superficie aproximada de 1,83 hectáreas y presenta un gradiente topográfico marcado, con diferencias de altitud entre la parte alta y la parte baja del vergel, lo que permite analizar el efecto del relieve sobre la intensidad de las heladas.
El material vegetal está compuesto por variedades de castaño Bellefer y Bournette, alternadas por filas, con presencia de variedades polinizadoras, injertadas sobre portainjerto Marsol.
La parcela se divide en dos modalidades experimentales:
MAg1 (modalidad húmeda): suelo mantenido próximo a la capacidad de campo mediante riego, combinado con un manejo intensivo del cubierto vegetal mediante siega frecuente durante el periodo de riesgo de heladas.
MAg2 (modalidad seca): suelo sin riego y con mantenimiento de un cubierto vegetal completo, sin siega durante la primavera, con el objetivo de favorecer el secado del suelo.
Este diseño permite comparar el efecto del contenido hídrico del suelo y del manejo del cubierto vegetal sobre la intensidad de las heladas primaverales.
Las principales actividades del ensayo incluyen:
preparación y adaptación de la parcela experimental para la implementación de las dos modalidades,
instalación de sistemas de riego diferenciados y sensores de humedad del suelo,
monitorización climática de alta precisión en tiempo real,
seguimiento de episodios de heladas primaverales,
evaluación del rendimiento del cultivo durante las campañas 2024, 2025 y 2026,
adquisición de imágenes térmicas de alta resolución mediante vuelos con dron durante episodios reales de helada.
El vergel está equipado con estaciones meteorológicas completas y sensores específicos para el seguimiento de la temperatura del aire a distintas alturas, la humedad relativa, la humedad del suelo y la humectación foliar. Además, se utilizan estaciones Tinytag instaladas en árboles representativos para medir la temperatura del aire y del suelo.
La monitorización climática se realiza de forma continua desde octubre de 2024, permitiendo disponer de series temporales detalladas para el análisis del comportamiento térmico del vergel durante las heladas.
Se realizan vuelos con dron equipado con cámara radiotérmica para cartografiar la distribución espacial de las temperaturas durante las heladas. Los vuelos se programan una hora antes del amanecer, durante el amanecer y en condiciones diurnas, con el objetivo de capturar la evolución térmica del vergel y comparar el efecto de las dos modalidades de manejo.