Investigadores de la Universidad de Toulouse evalúan cómo los incendios forestales modulan el funcionamiento de los ecosistemas en el marco del proyecto SocialForest

Barbaste_Landes

El impacto de los incendios forestales en los ecosistemas del suroeste de Europa puede prolongarse durante más de una década. Ésta es una de las principales conclusiones de las investigaciones realizadas por la Universidad de Toulouse en el marco del proyecto SocialForest Interreg Sudoe. Los científicos estudiaron cómo las crisis climáticas afectan a las masas forestales del suroeste europeo, centrándose en el impacto de los incendios y sus efectos a largo plazo sobre el conjunto del ecosistema. Para ello, combinaron el análisis geoquímico de los suelos y de la vegetación asociada con la monitorización mediante teledetección, comparando zonas quemadas con otras que permanecieron intactas.

Los investigadores pudieron así examinar cómo los incendios forestales modifican el funcionamiento de los ecosistemas, desde la composición geoquímica de los suelos hasta la regeneración de la vegetación. La combinación de análisis geoquímicos y teledetección permitió obtener una visión global de los efectos de los incendios, desde los procesos invisibles a nivel del suelo y de las plantas hasta los cambios estructurales del paisaje. Estos resultados contribuyeron al diseño de la Estrategia Forestal Transnacional elaborada en el marco del proyecto SocialForest.

Biogeoquímica de los ecosistemas de pinares

El equipo científico estudió la evolución de la biogeoquímica de los suelos en dos bosques representativos del sur de Europa: el pinar marítimo del bosque de Las Landas (Nueva Aquitania, Francia) y el pinar de pino carrasco de Moratalla (Región de Murcia, España). Los resultados muestran que los incendios no sólo provocan cambios inmediatos, sino que modifican de forma duradera la distribución de los elementos químicos en el continuo suelo-planta.

Los primeros resultados indican un aumento de las concentraciones elementales, incluso varios meses o años después del incendio. En cuanto a la vegetación, se observó un incremento de los contenidos elementales en la hojarasca ocho meses después del incendio en el sitio piloto de Las Landas, inducido por el aporte de cenizas y acículas enriquecidas. También se constató un aumento de la proporción de elementos asociados a la fracción residual del suelo en ambos sitios, lo que indica una disminución de la biodisponibilidad de los elementos varios meses después del incendio.

Así, este estudio puso de manifiesto que las modificaciones en la distribución de los elementos siguen siendo visibles en el continuo suelo-planta hasta 12 años después del incendio, abriendo nuevas perspectivas de investigación.

Teledetección

La investigación también se apoyó en herramientas de teledetección para monitorizar los efectos del fuego en distintos contextos. En Moratalla se compararon dos zonas (una incendiada en 2012 y otra no afectada por el fuego) mediante un modelo digital de superficie (MDS) y un modelo digital del terreno (MDT) para calcular la biomasa y la densidad del arbolado. Los datos revelan que la regeneración forestal sigue siendo desigual 12 años después del incendio, especialmente en las zonas con los suelos más degradados.

En el bosque de Las Landas, cerca de Barbaste, se monitorizaron dos zonas mediante un dron LiDAR y sensores multiespectrales: una zona quemada en agosto de 2024 y un antiguo pinar marítimo sometido a gestión controlada. Esto permitió distinguir las áreas totalmente destruidas de los sectores donde la vegetación se conservó.

El seguimiento se amplió a la región francesa de Aude, afectada por numerosos focos de incendio durante el verano de 2025. Dada la magnitud de la zona, se utilizaron datos del programa europeo Copernicus (misión Sentinel-2). Esto permitió evaluar la capacidad de resiliencia de la vegetación a lo largo de los meses. Los datos también muestran una fuerte degradación de los suelos en las zonas donde la vegetación desapareció.

Por último, se llevaron a cabo trabajos en Barrancos (Alentejo, Portugal), centrados en zonas afectadas por plagas forestales. Gracias a adquisiciones multiespectrales mediante dron, los primeros resultados permitieron identificar copas degradadas y estimar la densidad de árboles muertos.

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