El Plan de acción para la digitalización del regadío en Cataluña, elaborado en el marco del proyecto europeo Smart Green Water, propone una hoja de ruta para avanzar hacia una gestión del agua más eficiente, sostenible, tecnificada y adaptada al cambio climático. El documento analiza la situación actual de los regadíos catalanes, identifica sus principales retos y oportunidades y plantea 22 acciones dirigidas a las administraciones, las comunidades de regantes, los agricultores, los centros de conocimiento y las empresas tecnológicas.
La agricultura de regadío ocupa un papel estratégico en Cataluña, tanto por su contribución a la producción agraria como por su importancia para el desarrollo rural y la actividad económica de numerosos territorios. Sin embargo, el sector afronta desafíos crecientes: la escasez hídrica, los episodios de sequía, el cambio climático, el aumento de los costes energéticos, la presión normativa y la necesidad de mantener la viabilidad de las explotaciones.
En este contexto, la digitalización se presenta como una herramienta esencial para mejorar la gestión del agua y aumentar la capacidad de respuesta del sector. El Plan parte de una concepción amplia de la digitalización, que no se limita a instalar sensores o sistemas de telecontrol, sino que incluye la integración de datos agronómicos, climáticos, hidráulicos y energéticos para apoyar la toma de decisiones.
El objetivo final es evolucionar hacia sistemas de riego inteligentes, capaces de monitorizar el consumo en tiempo real, automatizar determinadas operaciones, detectar ineficiencias y utilizar modelos predictivos para adaptar el riego a las necesidades reales de los cultivos.
El diagnóstico muestra que el regadío catalán es muy heterogéneo. Las principales superficies regables se concentran en el oeste y sudoeste de Cataluña, especialmente en los sistemas vinculados a la cuenca del Ebro. Al mismo tiempo, existen regadíos históricos, sistemas más fragmentados y zonas litorales o periurbanas con características productivas y tecnológicas muy diferentes.
El análisis se ha realizado a partir de una muestra de 36 comunidades de regantes que representan más de 280.000 hectáreas regables, aproximadamente el 90% de la superficie de riego definida en el Plan de regadíos de Cataluña. Los resultados evidencian diferencias importantes en:
La disponibilidad de agua, con dotaciones que pueden superar los 10.000 m³ por hectárea y año en algunas zonas.
El coste del agua, que oscila aproximadamente entre menos de 0,05 euros por metro cúbico y más de 0,30 euros por metro cúbico.
El tamaño y la fragmentación de las explotaciones.
Los cultivos predominantes y sus necesidades hídricas.
El grado de modernización de las infraestructuras.
La capacidad técnica y organizativa de las comunidades de regantes.
Estas diferencias hacen necesario aplicar soluciones adaptadas a cada territorio. Mientras que algunos sistemas requieren principalmente automatización y optimización hidráulica, otros necesitan una mayor sensorización a escala de parcela, herramientas de apoyo agronómico o plataformas avanzadas de análisis de datos.
El documento indica que una parte importante del regadío catalán ha superado la fase de riego tradicional y dispone de redes presurizadas, sistemas de telecontrol o infraestructuras modernizadas. El riego localizado está ampliamente implantado en diversas zonas, especialmente en el sureste de Cataluña, aunque todavía persisten superficies significativas con riego por gravedad, inundación o aspersión.
La mayoría de las comunidades de regantes analizadas se sitúan en niveles intermedios de madurez digital: entre el riego modernizado y el riego digitalizado. Sin embargo, ninguna alcanza todavía el nivel más avanzado, correspondiente a sistemas en los que los datos se valorizan plenamente para orientar la gestión y la toma de decisiones.
Esto significa que Cataluña cuenta con una base sólida para seguir avanzando, pero todavía debe mejorar la interoperabilidad entre plataformas, integrar la información procedente de distintas fuentes y desarrollar herramientas capaces de convertir los datos en decisiones útiles para agricultores y gestores del agua.
Las dos convocatorias del PERTE de digitalización del regadío, resueltas en 2024 y 2025, han actuado como un importante acelerador de la transformación tecnológica. En Cataluña se han movilizado ayudas para numerosas comunidades de regantes, aunque con una distribución territorial y una intensidad económica desigual.
El análisis demuestra que la capacidad de acceder a financiación no depende únicamente de la existencia de ayudas. También influyen la organización interna, la disponibilidad de personal técnico, la coordinación entre comunidades y la capacidad para preparar y ejecutar proyectos complejos.
En este sentido, el Canal de Aragón y Cataluña constituye uno de los principales ejemplos de movilización colectiva. En las dos convocatorias participaron numerosas comunidades de regantes de base organizadas en agrupaciones, lo que demuestra el valor de las estructuras supracomunitarias para compartir capacidades y facilitar la adopción de soluciones digitales.
El Plan destaca, no obstante, que será necesario dar continuidad a este apoyo mediante nuevas líneas de financiación. También identifica una carencia relevante: las ayudas se han concentrado especialmente en infraestructuras comunitarias, mientras que la digitalización dentro de las parcelas individuales continúa teniendo un apoyo más limitado.
El análisis PESTEL y el diagnóstico DAFO identifican diversos obstáculos que pueden ralentizar la digitalización del regadío catalán:
La fragmentación y diversidad territorial del sector.
La reducida dimensión de algunas explotaciones y su limitada capacidad inversora.
La falta de relevo generacional y la brecha digital.
La escasez de perfiles técnicos multidisciplinares en las comunidades de regantes.
La conectividad insuficiente en determinadas zonas rurales.
El desconocimiento del retorno económico de las inversiones digitales.
La dependencia de las subvenciones públicas para cubrir los costes de implantación y mantenimiento.
La rápida obsolescencia de algunas tecnologías.
La existencia de soluciones no coordinadas o poco interoperables.
Los riesgos relacionados con la ciberseguridad, la protección de datos y la gobernanza de la información.
La complejidad normativa y el posible desajuste entre la legislación y la evolución tecnológica.
El documento también advierte de que la digitalización puede generar nuevas desigualdades si las explotaciones con menor acceso a conectividad, formación o financiación quedan excluidas del proceso.
Cataluña dispone de importantes activos para acelerar esta transformación. Entre ellos destacan la experiencia acumulada en modernización de regadíos, la existencia de infraestructuras colectivas, el compromiso de las administraciones, la disponibilidad de tecnologías maduras y la presencia de centros de investigación, empresas innovadoras y proyectos piloto.
También constituye una fortaleza la existencia de servicios de apoyo como la Oficina del Regante, así como la disponibilidad de normas técnicas sobre telecontrol e interoperabilidad. La conexión con redes de investigación y cooperación transnacional, junto con la alineación con la estrategia RIS3CAT, puede facilitar la transferencia de conocimiento y la replicación de soluciones.
Entre las oportunidades más relevantes se encuentran:
La continuidad de los fondos europeos y de los programas de apoyo a la digitalización.
El desarrollo de datos abiertos y plataformas interoperables.
La expansión de sensores, teledetección, inteligencia artificial y modelos predictivos.
La creación de indicadores ambientales y mecanismos de reconocimiento de la sostenibilidad.
La mejora de la eficiencia energética y del uso de fertilizantes.
La generación de empleo cualificado y nuevas oportunidades para el medio rural.
La cooperación entre administraciones, regantes, centros tecnológicos y empresas.
La replicabilidad de las experiencias catalanas en otros territorios del espacio Sudoe.
El Plan estructura su propuesta en torno a cinco objetivos estratégicos:
Aumentar la eficiencia en el uso del agua y la energía.
Mejorar la resiliencia de los regadíos frente a las sequías.
Reforzar la sostenibilidad y la viabilidad económica de las explotaciones y comunidades de regantes.
Incrementar la tecnificación, el conocimiento y la transparencia en la gestión.
Mejorar el control de las infraestructuras de riego.
Estos objetivos se complementan con seis objetivos operativos relacionados con la incorporación de la digitalización a la agenda política, la adaptación normativa, la definición de estándares, la creación de referentes técnicos y la mejora de la formación, la innovación y la transferencia tecnológica.
Para alcanzar estos objetivos, el documento plantea 22 acciones agrupadas en varios ámbitos de intervención.
Se propone incorporar la digitalización del regadío de manera transversal en las políticas de la Generalitat, modernizar los sistemas tradicionales y exigir un determinado nivel de digitalización en los nuevos proyectos promovidos por la Administración.
El Plan también recomienda crear una ayuda específica para la digitalización de los regadíos catalanes, dar continuidad al impulso del PERTE y priorizar, en las ayudas a la modernización, los proyectos que incorporen mejoras digitales. Asimismo, plantea estudiar incentivos fiscales, revisar la contribución de los regantes al coste de las obras y favorecer, en situaciones de sequía, a los usuarios que puedan demostrar un control y registro exhaustivo del uso del agua.
Otra línea prioritaria consiste en definir niveles o estándares de digitalización aplicables a las infraestructuras y a la gestión del regadío. Estos estándares permitirían establecer criterios mínimos, comparar avances y orientar las inversiones.
El Plan plantea también crear un protocolo de datos abiertos que facilite el intercambio de información entre comunidades de regantes, administraciones, centros de investigación y empresas. La divulgación de estos datos contribuiría a mejorar la transparencia, la planificación y la toma de decisiones.
El documento considera fundamental reforzar el acompañamiento técnico a los regantes. Para ello, propone establecer un sistema específico de asesoramiento en materias técnicas, jurídicas y económicas, así como favorecer la agrupación de regantes o comunidades para contratar servicios especializados.
También recomienda impulsar la figura de un referente tecnológico —por ejemplo, una universidad o centro de investigación— que pueda prestar apoyo continuado al sector. En paralelo, se plantea adaptar los planes de estudio universitarios para formar perfiles especializados en gestión, innovación y digitalización de regadíos.
La mejora de las comunicaciones digitales en el medio rural se considera una condición básica para que funcionen el telecontrol, la transmisión de datos y las plataformas de gestión.
El Plan propone organizar jornadas técnicas, visitas demostrativas, seminarios, cursos y webinarios para regantes y personal técnico. Además, plantea crear una red de proyectos piloto y demostrativos que permita probar tecnologías en condiciones reales y difundir experiencias exitosas.
Finalmente, se recomienda consolidar canales de información de referencia, como RuralCat o la Oficina del Regante, para facilitar el acceso a documentación técnica, ayudas, proveedores, casos de éxito, novedades de investigación, gemelos digitales y soluciones disponibles.
La principal conclusión del documento es que la digitalización del regadío debe entenderse como un proceso gradual, flexible y de mejora continua. No existe una única solución válida para todo el territorio catalán, ya que las necesidades dependen del tipo de cultivo, el tamaño de las explotaciones, el sistema hidráulico, el coste del agua, el nivel de modernización y la capacidad organizativa de cada comunidad.
Por ello, el éxito del Plan dependerá de que las acciones propuestas se concreten mediante un programa dotado de presupuesto, calendario, responsables e indicadores de seguimiento. También será necesario establecer un sistema de gobernanza que permita evaluar periódicamente los resultados y adaptar las medidas a la evolución del sector, de la normativa y de las tecnologías disponibles.
En definitiva, Cataluña dispone de una base institucional, técnica y productiva favorable para avanzar hacia un regadío inteligente. El reto consiste ahora en extender la transformación más allá de los grandes sistemas y de las infraestructuras comunitarias, acercando las herramientas digitales a las explotaciones individuales y garantizando que la innovación contribuya realmente a ahorrar agua y energía, mejorar la sostenibilidad y asegurar el futuro de la agricultura de regadío.
Descarga el documento:
Plan de Acción Catalunya (SGW) (Castellano)
Pla d’Acció Catalunya (SGW) (Català)