El cambio climático está modificando los ciclos de desarrollo de los cultivos, favoreciendo inviernos más suaves que adelantan la floración. Esto incrementa la vulnerabilidad de las plantas frente a las heladas primaverales, que afectan a los cultivos en fases críticas y pueden provocar pérdidas de hasta el 100 % en producciones frutícolas.
En los territorios del espacio SUDOE, muchas explotaciones no disponen de soluciones eficaces frente a este riesgo. Las técnicas disponibles suelen ser costosas, intensivas en energía o dependientes del uso del agua. En este contexto, el proyecto Interreg An‑Gel SUDOE promueve el desarrollo y la experimentación de soluciones innovadoras, sostenibles y transferibles que mejoren la resiliencia del sector agrícola frente a las heladas.
El ensayo piloto se desarrolla en una explotación de ciruelo en condiciones reales de producción, con una parcela dividida en dos zonas diferenciadas. El cultivo se gestiona con sistemas habituales de la fruticultura, incluyendo microaspersión y manejo de la cubierta vegetal mediante técnicas mecánicas y químicas.
El objetivo del piloto es analizar la influencia de la humedad del suelo y la gestión de la cubierta vegetal en la intensidad de las heladas primaverales. Para ello, se ha diseñado un dispositivo experimental que compara cuatro modalidades de manejo del suelo:

Este diseño permite analizar de forma combinada el efecto de la humedad del suelo y de la cubierta vegetal, así como su interacción en el comportamiento térmico del cultivo durante los episodios de helada.
El ensayo incorpora además un sistema de monitorización mediante estaciones meteorológicas y sensores de suelo que registran variables climáticas y edáficas, lo que permite evaluar con precisión la relación entre las condiciones del suelo, el microclima del cultivo y la severidad de las heladas.
Las actuaciones del piloto se centran en la experimentación de prácticas de manejo del suelo como soluciones pasivas frente a las heladas, reduciendo la dependencia de sistemas intensivos en recursos. Asimismo, se realiza un seguimiento continuo de las condiciones climáticas y del suelo, junto con el análisis de los datos obtenidos.
El impacto esperado es la identificación de estrategias eficaces, sostenibles y de bajo coste que permitan reducir los daños causados por las heladas primaverales en el cultivo del ciruelo. Estas soluciones podrán transferirse a otras explotaciones y territorios, contribuyendo a mejorar la resiliencia del sector agrícola frente al cambio climático y a apoyar la toma de decisiones tanto a nivel técnico como en políticas públicas.